Relato erótico - La venganza
Mi marido está acostumbrado a ganar. Durante toda su vida siempre ha sido el primero de su clase, la estrella de su equipo, el centro de las fiestas… Carlos es inteligente, aún atractivo, tiene dinero, y todos le admiran. Y si al principio no lo hacen, él acaba consiguiéndolo: para él los demás son simplemente piezas de caza, y considera a sus conquistas como simples trofeos. Yo soy uno de ellos, claro.
(…)
Hace unos meses volvíamos a casa de una cena con unos empresarios amigos suyos; yo miraba por la ventanilla las calles desiertas a aquella hora mientras él conducía, cuando me dijo:
- Cariño, esta noche tengo una sorpresa para ti.
Le miré con curiosidad. Carlos sonreía levemente, con esa expresión suya tan característica.
- ¿Una sorpresa? ¿Ahora?
Él asintió sin perder la sonrisa. Parecía complacerse de su idea brillante, de un triunfo más por adelantado.
(…)
- ¿Qué tal si te desnudas? Es parte de la sorpresa… Lo hice después de quedarme mirándole un segundo. ¿Qué podría estar tramando?
- Fantástica –dijo él con su sonrisa a medias-. Sacó un pañuelo de color negro de un bolsillo y añadió: -Ahora te voy a vendar los ojos.
- Carlos, ¿quieres decirme de qué va todo esto?
- Querida, ya lo verás. Espera un poco…
(…)
No tenía ni idea de lo que estaba pasando ni de lo que iba a pasar. Él no me haría daño, de eso estaba segura, pero la incertidumbre era total. Estaba sola en mi habitación, desnuda, atada y con los ojos vendados; no sabía dónde estaba mi marido, y esperaba una “sorpresa” que podía ser… ¿qué? Algo sexual, claro. ¿Para qué desnudarme si no? Carlos era un buen amante pero nunca había mostrado ninguna extravagancia; empecé a pensar que había entrado en algún sex-shop y quizá traería algún aparato de los que aparecen en revistas. ¿O querría hacer una escenita? Representar el papel de secuestrador o algo parecido…
(…)
Mientras mi imaginación seguía volando me di cuenta de que entre la curiosidad y un cierto temor también empezaba a estar… un poco excitada. El morbo que me producía la situación comenzaba a gustarme de alguna manera, y pensar en lo que podría ocurrir estaba haciendo incluso que notara cómo me humedecía. El suave roce de la sábana sobre mi piel me producía ligeros escalofríos muy placenteros, y percibía la progresiva erección de mis pezones. Cuánto tarda, pensé. No sé por qué, me apeteció abrir ligeramente las piernas; al separar los muslos y moverse mi pubis, el roce de mis labios me produjo un fugaz destello de placer más intenso. Abrí más las piernas, lo que aumentó aún más mi excitación; al respirar profundamente notaba el tacto de mis pezones con la tela, lo que me hizo lanzar incluso un débil gemido.
(…)
De repente sentí una mano en mi muslo derecho. Una mano grande y cálida… que no era de mi marido. Por un momento salí de mi excitación con un sobresalto. Abrí la boca pero Carlos me puso un dedo en los labios. - Cariño, no digas nada. Intenté articular palabra, pero no me dejó. - Disfruta de tu sorpresa. Te gustará, te lo aseguro. Me recostó con suavidad, mientras aquella mano empezaba a moverse acariciando mi piel…
Estos breves fragmentos corresponden al comienzo del relato que Mandelrot ha tenido la gentileza de enviarnos (espero que no le importe que resumiera un poco). Tenéis que leerlo para saber en que consiste la venganza…
