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Ridley Scott volverá a la ciencia ficción de la mano de ‘los taurinos’

Sí, el titulo del post parece una broma, pero no lo es. Nuestro querido Ridley volverá al género que tan buenos resultados le dio al principio de su carrera como cineasta con la adaptación de la novela The Forever War, escrita en 1974 por Joe Haldeman. En ella, la humanidad se enfrenta en una guerra de cientos de años con la raza de los taurinos (aquí en España no parece este un argumento de ciencia ficción, es el pan nuestro de cada día).

En palabras del propio Ridley, que ya sabemos que no tiene abuela:

He perseguido esta obra durante 25 años. Será una película épica, una mezcla de ‘La Odisea’ y ‘Blade Runner’ que parte de una premisa brillante y desorientadora.

Además, como suele ocurrir en estos casos, si el proyecto tiene éxito podría dar lugar a toda una serie de películas porque el libro en cuestión tiene sus obligadas continuaciones (a causa del síndrome Tolkien/Herbert, vaya).

Ya veremos como le sale el proyecto, primero toca estrenar Nottingham, que se está haciendo la remolona con tanto problema. Se que a mi compañero Adrián le habría encantado publicar este post, pero conociendo al bueno de Ridley, seguro que habrá más de una oportunidad para ello.

Vía: Ridley Scott regresa a la ciencia ficción con ‘La guerra interminable’

Enlace: europapress

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Violación a Indiana Jones en South Park

Teníamos que ponerlo:

La que se ha armado en Estados Unidos con esta crítica feroz a la cuarta película de Indy por parte de los creadores de una de las series más irreverentes y gamberras de todos los tiempos. Sinceramente, no creo que sea para tanto, pues no resultan unas imágenes tan perturbadoras como algunos medios nos han hecho creer.

Pero ya se sabe, el morbo manda, y más si los protagonistas son supuestamente intocables. Pero no hay nada soprendente para los seguidores (entre los que me incluyo) de esta serie de animación para los que lo prohibido o políticamente incorrecto es la mayor tentación a la hora de profanar. Poco me importa que no esté de acuerdo con ellos a la hora de masacrar la estupenda cuarta película del arqueólogo, como a otros que no pueden ver cómo atacan lo que les gusta. Lo que me interesa es el ingenio y el coraje de South Park.

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‘Burn After Reading’ - Gran farsa Coen

Cuando se habla de la filmografía de los hermanos Coen, dos de los directores esenciales del cine norteamericano de los últimos 20 años, suelen dividirse sus películas en dos categorías: las comedias locas y los dramas criminales, si bien ambos grupos tienen puntos en común con el otro. Aunque yo añadiría un tercero, el de las películas existencialistas, categoría que engloba a Barton Fink y a The Man Who Wasn’t There. Los dramas criminales tienen su cumbre en Fargo y en Miller’s Crossing (quedando muy atrás No Country for Old Men) mientras que los Coen no han firmado mejores comedias que Raising Arizona y The Big Lebowski.

El resto de comedias oscilan entre lo trivial (para su talento) y lo infravalorado. Ahí se enclavaría esta alocada farsa, más o menos en el grupo de la infravalorada Ladykillers e Intolerable Cruelty, pero no tan ambiciosa y arriesgada como The Hudsucker Proxy. Ahora bien, lo que nadie puede negar, es el desbordante ingenio de los Coen a la hora de construir una farsa que arremete contra las convenciones de género estadounidenses de forma tan contundente, precisa y desvergonzada, con un trasfondo existencialista que la hermana con ese tercer grupo antes nombrado.

No sería exacto definir Burn After Reading como una sátira de los servicios de inteligencia norteamericanos, cuando en verdad su alcance como pulla canallesca va mucho más allá, y se incrusta sin miedo y sin límites en el mismo centro de las costumbres sociales de ahora mismo, si bien le faltan dos o tres peldaños más para causar una verdadera sangría comparable a la de Raising Arizona. Las mejores comedias de los Coen, antes citadas, tenían la clarividencia de atacar con furia, aunque también con ternura, las costumbres y la forma de vida de unos personajes demenciales incapaces de asimilar que viven instalados en el absurdo más patético.

Porque de criaturas demenciales va la cosa, de auténticos subnormales de encefalograma plano, que son el divertimento principal de esta pareja de hermanos gamberros. La nómina de estúpidos de baba que pueblan esta película ingresan con honor en el patíbulo de memos más grandes de toda la filmografía Coen, y eso es decir mucho. De hecho, podrían ser nominados como algunos de los personajes más idiotas de la entera historia del cine. Y esto tiene más relevancia cuando hablamos de una trama construida en torno a un ‘mcguffin’ puesto a mala leche: unas memorias de un ex-agente de la CIA (interpretado con gran brillantez por John Malkovich) que provocarán una riada de despropósitos.

No hay esperanza para los Coen. En su mundo, el 99,9% de las personas son subnormales perdidas, y de ellos los que son capaces de un acto generoso mueren de la forma más horrible. Las necesidades de los idiotas inician una cascada imparable de acontecimientos que la mejor de las veces desembocan en una secuencia patética, y en la peor en una muerte dolorosa e inmerecida. En esta película te ríes porque el tono de farsa es absoluto, y los Coen lo mantienen con talento, pero falta realmente muy poco para caer en la depresión al constatar que el ser humano no anda sobrado de inteligencia ni de amor.

Por eso es tan importante para estos brillantes hermanos repasar por dos veces, en sendas magníficas secuencias, el transcurso de la historia en los despachos de la CIA, para que veamos que por muy idiota que el ser humano demuestre ser, lo mejor es verlo con ironía y no tomarlo muy en serio. Impagables J.K. Simmons (un habitual en las últimas Coen) y David Rasche, como altos mandos de la CIA que no pueden sino alucinar con el caso, convirtiéndose en el espectador que somos nosotros.

Los Coen planifican (ayudados por primera vez por el gran operador Emmanuel Lubezki) y montan (con el seudónimo de Roderick Jaynes) con la destreza que han ido acumulando y perfeccionando a lo largo de estos años, y dirigen sin ningún divismo ni deseo de impresionar. El conjunto es sobrio y humilde, con unos irreconocibles e hilarantes Brad Pitt y George Clooney, y aunque parece cada día más claro que no van a superar, ni siquiera igualar, a The Big Lebowski, en muchos años (si es que lo consiguen alguna vez), esta gozosa comedia de perdedores resulta gozosa y agradecida, generosa y sorprendente.

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‘Let the Right One In’, póster y tráiler

yo que tú no abría la puerta, pero como quieras Ha sido la sorpresa allá donde se ha visto, y los norteamericanos, como bien saber hacer cuando huelen un pelotazo allá donde lo hubiere, ya preparan su remake para el 2010 antes incluso de su distribución internacional. Algo que no es de extrañar visto el caso de [•Rec] y su remake Quarantine, cuya producción siguió las mismas líneas.

En este caso el fenómeno llega de Suecia para revolucionar el anquilosado género vampírico. Porque no, la serie Moonlight es un pastiche bastante chapucero de muchas cosas, entre ellas Angel, y True Blood ha enseñado los dientes pero no convence. Y el final de 30 días de oscuridad hundía la propuesta por completo. Ciñéndonos a 3 ejemplos recientes, y sin adentrarnos en el fenómeno Twilight por venir.

Estamos hablando de Let the Right One In, algo así como permite que el indicado entre, en la cual nos acercamos a la historia de Oscar, un chico descuidado por su familia y asediado por los matones en el colegio, quien encontrará amor y venganza a través de la figura de Eli, una peculiar niña que resulta ser una despiadada chupasangre.

Brutal, fría y directa, la mezcla del romance inocente entre niños y el macabro retorcimiento de la relación que entablan, sin ningún tipo de ataduras formales y bellamente rodada, ha hechizado y horrorizado a partes iguales a crítica y público.

Aunque aún no tiene distribuidora ni fecha de estreno, siempre nos quedará internet. Para lo que sea. Que ya saben. No me hagan decirlo.

Para abrir boca y apetito a los fans del género, a continuación el tráiler:

Vía: Joblo

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‘Quemar después de leer’: tiene sentido, sí señor

la inteligencia es relativa La película número 13 en la filmografía de los Coen, Joel y Ethan, si exceptuamos participaciones grupales tipo Paris Je T’Aime, nos acerca de nuevo a su particular universo de perdedores e inútiles en situaciones estúpidas, en lo que inicialmente podríamos considerar una comedia dada la sinopsis, o incluso el tráiler, pero que tras su visionado no queda tan claro.

Quemar después de leer nos introduce en un microuniverso coral que se ve revolucionado, sacudido e incluso destruido en algún caso, cuando Osbourne Cox, un agente de la C.I.A. algo borrachuzo, es degradado, tras lo cual, él, orgulloso, decidirá despedirse. Las sospechas de su esposa, los líos de un cuarentón en crisis y las ansias de cambio y aventura de dos monitores de gimnasio bastante peculiares, por no decir simplones, convertirán la pérdida de un CD con información sobre Cox en un asunto de estado. O no, vete tú a saber.

principalmente ellos se lo pasan teta La génesis de la película, contada por los propios Coen, surge del reparto. Una vez reunidos un grupo tan potente como el que configuran Pitt, McDormand, Swinton, Malkovich y Clooney, fue cuando pusieron a funcionar sus soberbios engranajes mentales para justificar hora y media de metraje. Como consecuencia de esto, la película parte de una premisa muy básica, provista por el McGuffin de la historia, el CD, para después de unas caracterizaciones tremendamente básicas pero efectivas, algo consecuente con la maestría de los cineastas, dejarlos moverse por el escenario desplegado.

Estamos ante una película de personajes de director, no ya de personajes o de director, sino de mezcla de ambas. Sólo una mente conjunta como la de los hermanos Coen sería capaz de hablar sobre la estupidez y la soledad con la lucidez que demuestran, desde la sencillez del discurso y la ligereza del tono como premisa.

Es, sí, una película menor en su filmografía. No es algo que asuste, como No es país para viejos, tampoco que estremezca como Fargo o alucine como El Gran Lebowski, pero es una cinta consecuente y consecutiva, que consigue lo que se propone, remarcando el absurdo de lo humano, y asumiendo el humor como contrapunto a la idiotez más ácida, manejada en todo momento, eso sí, con mano de hierro. En ningún momento el invento se escapa a sus inventores.

venga, hombre, no te quejes tanto que lo bordas Los actores, con esta base, lo que hacen es divertirse, manejados delicadamente entre el histrionismo formal en el que sus personajes podían caer con facilidad, como el estúpido personaje de McDormand, o el otro extremo con la zorra fría de Swinton. El tono es tan ajustado en cada de uno de sus giros, sea Pitt esperando en un coche escuchando su Ipod a Clooney descubriendo la sorpresa en su armario, que es genuinamente Coen.

La música, del habitual Carter Burwell, señala sin abusar de la miseria humana de los protagonistas, enfatizando lo erróneo de sus decisiones, acompañando la miseria de sus consecuencias. Y la fotografía, por primera vez desde Muerte entre las Flores no firmada por el genial y habitual Roger Deakins por problemas de agenda, se ampara en la mano maestra de otro de los monstruos del oficio, el brutal Emmanuel Lubezki.

Una película menor, que no pequeña, graciosa pero no de risa, con espías pero no de espionaje, que entronca en un filmografía muy particular, y que nos habla del ser humano, quizás no ti o de mi, pero de seguro que de alguien que tienes muy cerca. Porque aunque exageren y muchas veces no tenga sentido, el ser humano es netamente así.

PUNTUACIÓN: 7 / 10

LO MEJOR: Los personajes, cómo están caracterizados, puesto que ellos son la película.

LO PEOR: Que la sutil mezcla de géneros maree, al no saber muy bien qué estamos viendo en ciertos momentos.

EL MOMENTO: Dos, la silla de Clooney y Pitt en el armario. Brutales.

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Agencia ‘Impares’: la cita del ‘gafapasta’ y la cajera

No soporto a los gafapastas impostores, ese tío no llevaba los cristales graduados.

Impares, una serie de TV en forma de sketches que simula de forma documental las citas de una agencia de contactos, tiene en Rubén todo un personaje que se ha ganado el derecho de aparecer en extracine.

Todos hemos conocido a algún Rubén o tal vez, incluso hemos sido un poco Rubén algunas veces. Aquí tenéis su cita a ciegas con una cajera de supermercado que termina dándole lecciones de cine a este director que nunca ha rodado una película porque, como él dice indignado:

Hay una cosa que me molesta, la gente cree que para ser director de cine tienes que haber hecho una película

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‘The Searchers’: Primeros 15 minutos, conclusión

Habíamos dejado ayer a Ethan, en la primera parte de este extenso análisis (menos mal que son los primeros 13 minutos y 15 segundos de la película…), en el porche de la casa, después de soltarle a su hermano una buena cantidad de monedas de oro con tal de que dejara de preguntarle por qué no se fue de Texas antes de la guerra, cuando tuvo ocasión. Sospechamos, igual que Aaron, que la razón era Martha. Por otra parte si echamos un cálculo de los años que ha estado fuera (lo menos 7) obtenemos la edad aproximada de la menor de las hijas de Martha, Debbie, que tendrá ahora esa edad. Por supuesto que la teoría que sostenemos (más que teoría, certeza) es que Debbie es fruto de un romance secreto entre ambos.

A esa imagen nocturna de Ethan en el porche le sucede otra diurna que casi parece romper el contínuo secuencial de un hachazo violento, con la música subiendo a todo volumen: los rangers llegan al rancho de los Edwards a primera hora de la mañana. De hecho, las notas musicales anuncian el presagio de una tragedia inminente. Es el reverendo Samuel Clayton (maravilloso Ward Bond) que ahora es capitán de los rangers, el que llama a la puerta acompañado de sus hombres, anunciando que alguien ha robado ganado en la vecina casa de los Jorgensen. El que interpreta a este personaje de ascendencia holandesa es el fordiano John Qualen.

Aquí, en el minuto cercano al 9:30, tenemos uno de esos planos que han hecho de Ford una leyenda, y de los que tanto gustaba el irlandés: una docena de personajes moviéndose en torno a una mesa con una coreografía y una sensación de vida maravillosas. Con el reverendo en el centro del plano trastocando pero ordenando también la rutina de la casa y con varios personajes interactuando sin cambiar de plano. Una imagen nítida de una comunidad, rota por la aparición inesperada de Ethan, que se ha levantado más tarde que nadie por el largo viaje, presumiblemente, del día anterior.

En realidad Clayton ha venido para reclutar a Martin y a Aaron como rangers voluntarios, sin paga, y así poder tener a más hombres a su servicio. Pero nada más acabar el juramento improvisado, se levanta Ethan y sorprende al bonachón reverendo. Parece haber una relación entre ellos profunda pero difícil. Es plausible que ambos sirvieron juntos a la Unión en la Guerra Civil. Dice Clayton: “no te veo desde la rendición…para ser sinceros, no te ví en la rendición”. A lo que Ethan responde: “no puedo creer en rendiciones, aún conservo mi sable, y no está inservible”. Esto nos dice dos cosas sobre la torturada y oscura personalidad de Ethan: primero que es un tipo que vive en el pasado y que no acepta la realidad, en un impulso obsesivo; segundo que a pesar de que decía regalar el sable a su sobrino, como vimos en el post de ayer, esto es falso, lo que añade un componente falso y mezquino.

El plano siguiente a esta declaración de principios podría ser de Aaron molesto porque lo del sable era una gran mentira. Pero en lugar de eso tenemos a cuatro rangers (entre ellos el importante Moss, que está diciendo que han sido los indios aunque nadie le hace ni caso), y en el centro, radiante de luz Martha, que si no está ensimismada mirando a Ethan, que el lector ponga el minuto 10:53 y me lo diga. De hecho, es sorprendente que nadie se percate de que esta mujer venera al personaje de John Wayne. Quizá con esto Ford haga una crítica velada al hecho de que a las mujeres no se les prestaba atención en aquella época y lugar.

Pero Ethan ya va a ponerse en marcha. Se coloca su pistola y deshace el juramento de su hermano, porque pueden ser comanches, tal como dice Moss, y es mejor que Aaron se quede. Vemos también aquí la capacidad de liderazgo y la fuerte voluntad y presencia de Ethan, que con su sola voz amedrenta a casi todos menos a Clayton. Con este romper el juramento de su hermano, Ethan inicia una cadena de profanaciones de costumbres y rituales que durará toda la película. Al mismo tiempo, él no piensa jurar, porque ya juró una vez por los confederados y según él sólo se puede jurar una vez en la vida, pero Clayton sospecha que no jura porque quizá ha cometido algún crimen inconfesable.

Se queda sólo Ward Bond mientras todos se preparan para partir, y descubre las mofas de los hermanos pequeños a la mayor, Lucy, que se está abrazando a escondidas con su novio, otro ranger, hijo de los Jorgensen, interpretado por Harry Carey Jr., hijo de Harry Carey, un mítico actor de cine mudo al que Ford admiraba mucho, y del que Ford cogió su gesto predilecto para el último plano de esta película.

Llegamos casi al final de este análisis con un momento mítico. Clayton se pasea, emanando humanidad, por la casa, con un café en una mano y una rosquilla en la otra. Y descubre a Martha acariciando el abrigo de montar de Ethan. El tema musical de amor, de una melancolía enorme, hace acto de presencia. Aparece Ethan detrás de Clayton y ella se acerca a él y le da el abrigo. Se miran largamente, y el reverendo hace como que no se da cuenta, aunque lo sabe todo. Cuando Ethan sale, Martha le sigue embelesada y se queda en la puerta. El reverendo simplemente sale por esa puerta, por el resquicio que le permite Martha.

Que el romance entre Ethan y Martha es una certeza a todas luces, no es algo que creamos que deba remarcarse más, si bien Ford lo narra con una serie de miradas y movimientos de una delicadeza y sensibilidad extremas. De ese amor prohibido nació Debbie, a quién Ethan y Martin buscarán durante diez años, aunque Ethan con el secreto, una vez más, deseo de matarla, pues no soporta que su propia hija se haga comanche. Que alguien me nombre un drama más terrible y mejor montado que este. O que alguien me cite, si es que puede, una película cuyos primeros minutos contengan tantas ideas, misterios y tanta sabiduría narrativa, tanta inteligencia. No creo que la haya.

Gracias por haber llegado hasta aquí.

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‘The searchers’: Primeros 15 minutos

Bueno, en realidad son los primeros trece minutos y quince segundos exactamente. No, no vamos a poner ningún clip de ninguna película de super-héroes sobre la que ofrezcamos una exclusiva en Extracine, ni cosas por el estilo tan normales en los blogs de cine. Vamos a hablar de arte.

La legendaria película dirigida en 1956 por el gran John Ford ha suscitado una voluminosa literatura en torno a su mito y a su condición de una de las obras maestras más importantes de la historia del cine. En el momento de su estreno, sin embargo, fue despachada como una película más de indios y pistoleros. En los años 70, con las nuevas olas cinematográficas estadounidenses que la citaban sin descanso, comenzó su imparable ascenso hacia lo más alto del prestigio.

Vamos a comentar su comienzo nada más, pues analizar la película entera llevaría o bien un post de longitudes insoportables o muchísimos posts, demasiados, para fragmentarlo.

Comenzamos por los mismos títulos de crédito, convencionales en cierto modo, sobre los que suena una romántica balada de Stan Jones, What Makes a Man to Wander?, que ya anticipa el tema de la película:

What makes a man to wander? What makes a man to roam? What makes a man leave bed and board And turn his back on home? Ride away, ride away, ride away.

Antes de la primera imagen un cartel nos avisa del lugar y la fecha: TEXAS, 1868. Esta forma de fijar con exactitud los hechos es muy importante, nada casual. Y enseguida se verá por qué. Se abre el fundido en negro, pero con una puerta que nos adentra en la primera imagen del filme, a pesar de trasladarse de un interior a un exterior. Recortada contra el fondo aparece la figura de la mujer que ha abierto la puerta. La mujer sale al exterior, seguida por un suave travelling que la deja en primer término mientras al fondo observamos el horizonte, parece que ella ha visto algo acercarse a la casa. En efecto, antes del primer corte del filme podemos observar no muy lejos que un oscuro jinete se acerca al hogar. Se oyen bellos violines nostálgicos.

Corte al rostro de la mujer en un plano medio, de este modo la cámara pasa de estar detrás de ella, a estar de frente. Parece hipnotizada, también parece no creer lo que está viendo. Se cubre los ojos para ver mejor. Corte levemente más cercano al jinete que se acerca lánguidamente. Sin lugar a dudas este es un subjetivo de ella. Volvemos a ella, pero un plano que en lugar de tener el aire a la izquierda de cuadro, lo tiene a derecha. Esto es porque aparece el marido de la mujer en ese espacio, por detrás de ella, tan sorprendido como ella de la llegada del visitante. Si nos fijamos bien, ella parece contrariada porque le hayan invadido ese momento de intimidad personal (qué gran interpretación de Dorothy Jordan como Martha Edwards es admirable en todo momento). Él dice: “¿Ethan?”.

De pronto toda la familia parece acudir al porche a recibir al recién llegado: dos hijas, un hijo y un perro. Curiosamente el perro le ladra al jinete, que no es otro que Ethan Edwards (John Wayne), hermano del padre de familia, Aaron. Los hijos se asombran de volver a verle después de lo que se supone un largo tiempo. Tras darle la mano a Aaron, que se adelanta para recibirle, John Ford pasa con gran habilidad al contracampo, con el que retrata a toda la familia en un plano soberbio: la pequeña con el perro a un lado, los dos hijos mayores a otro. En el centro Martha Edwards, Aaron Edwards (Walter Coy) y Ethan Edwards. Ella viste un radiante delantal blanco que la destaca sobre los demás de forma notable como el punto de mayor luz, otorgándole un aura casi divina. Ethan se acerca a ella y Ford pasa entonces a un plano mucho más corto, cediéndoles un momento clarificador: ella le mira en el límite del amor parental, pero a punto de rebasarlo, a él le pasa igual; sin dar lugar a un corte ella le ofrece pasar a la casa, yendo primero al interior pero sin darle la espalda en ningún momento.

Una posible relación secreta romántica entre cuñados está presente desde esta primera secuencia. Pero no cesan las evidencias. Ya en el interior la secuencia comienza de forma también algo extraña (¡hay muchas cosas extrañas e inquietantes en estos primeros 13 minutos y 15 segundos, como estamos viendo! y son las que convierten a este filme en algo único), en un movimiento algo teatral que refuerza el gesto, Ethan coge a Deborah (la hija menor) y la levanta sobre su cabeza sin esfuerzo. Este plano tiene una importancia capital, pues se repetirá diez años más tarde y en circunstancias muy distintas cuyos motivos arrancarán en cuanto terminen estos 13 minutos y pico.

Pero Ethan se equivoca de hija, porque han pasado muchos años y han crecido. A continuación el hijo de los Edwards le pregunta a tío Ethan qué va a hacer con su sable, a lo que él responde que pensaba regalárselo, y el sobrino se pone bien contento con ello. Aaron, por su parte, le pregunta qué tal le ha ido en California, a lo que Ethan responde que nunca ha estado ahí, a pesar de que eso les dijo a ellos Moss Harper (un personaje fundamental, el loco/sabio de esta historia, interpretado con gran convicción por Hank Worden). Es interesantísimo este plano en contrapicado en el que se recoge esta conversación. Si el lector está viendo la película mientras lee estas líneas, puede fijarse que dos vigas del techo se cruzan justo sobre la cabeza de Ethan. Esto bajo ningún concepto puede ser casual, y espero que el espectador no sea tan ingenuo de creerlo así. Esa x sobre su cabeza le señala como culpable de algún acto criminal cometido en California, y el hecho de que Ethan lo niegue y cambie de tema no hace sino acrecentar las sospechas, como veremos más adelante.

Llevamos justo 4 minutos, no está mal. Seguimos. Martha le coge el abrigo a Ethan para limpiárselo, y Aaron le da la mano por segunda vez y le dice: “bienvenido a casa”. Hasta aquí, con algún detalle raro e inquietante, nos han descrito una pequeña familia de rancheros en un ambiente bastante agradable y sin demasiados problemas. Pero durará poco. Fundido a una imagen de otra puerta, de otro mundo, pero de la misma casa: el joven Martin Pawley (el siempre apuesto Jeffrey Hunter en un momento espléndido, lástima de muerte prematura…), un miembro no sanguíneo de la familia. Llega radiante y feliz en un caballo sin silla, a la manera india, y con un vestuario muy similar al de un indio, sumado a su tez muy morena. Están todos ya cenando y le sorprende ver a Ethan con ellos, el cual le observa con una mirada de desprecio que le hace sentir muy incómodo. Martha tiene que recordarle a Ethan quién es, y Martin parece amedrentado. Su llegada a la cena una vez comenzada esta indica también su no pertenencia natural a esa familia. Ethan afirma que casi le confunde por un mestizo, con una mirada de desdén brutal. Él se defiende asegurando que “sólo” tiene (como si eso le bastara a Ethan) una octava parte de sangre Cherokee, lo que es como decir que un bisabuelo suyo no era blanco.

Es Aaron (que parece ajeno siempre a la tensión de la mesa) el que explica que fue Ethan quien encontró a Martin llorando detrás de un arbusto después de que mataran a sus padres (presumiblemente los comanches), aunque el propio Ethan asume que fue una casualidad sin importancia que le encontrase, añadiendo más tensión a la conversación y empezando a dejar claro su carácter racista. De ahí pasamos a un fundido a un plano con Martin en el exterior de la casa, lo que viene a indicar (a pesar de que con probabilidad simplemente ha terminado la cena y Martin ha salido un rato a tomar el aire) que de momento Martin no es un miembro legítimo de la familia. Va a tener que ganárselo. Todas las secuencias son importantes y sin ellas no funcionaría esta historia, como la que sigue: Martin regresa al interior y da las buenas noches, acompañado del hijo de los Edwards, que hace una pregunta muy incómoda a Ethan: “¿si la guerra acabó hace tres años cómo es que no volviste a casa hasta ahora?

Pero es acallado por todos. Sin embargo la pequeña Debbie tiene más atención por parte de Ethan, pidiéndole un colgante como el que le regaló a Lucy hace años. Ethan intenta complacerla, pero sólo tiene una medalla de la guerra. Ford se molesta en hacer un plano detalle de la medalla, y en su cine un plano detalle no es como en otros, es de una importancia capital. A poco que sepamos algo de historia, se ve con claridad que esa medalla es francesa. La guerra de secesión americana (que Ethan perdió, pues es confederado) tuvo lugar de 1861 a 1865, mientras que las guerra mexicana para su liberación del imperio francés fue de 1864 a 1867, justo un año antes de los hechos que comienzan con esta película (de ahí la importancia del cartel que la abre). Muchos confederados, arruinados y vencidos, se alistaron en las tropas de Maximiliano con la esperanza de ganar dinero, pero también perdieron. De ahí quizá que Ethan se viera obligado a convertirse en criminal. Todo esto está en la película, pero hay que saber verlo.

Aaron no es tan tonto como parece y le pregunta a Ethan porqué se quedó antes de la guerra cuando muchos se marchaban a buscar fortuna, quizá sospechando que la razón fue Martha. Ethan vuelve a hacerse el loco y les da un buen montón de oro (recién acuñado…) con tal de que le dejen tranquilo, que Aaron coge sin pestañear y guarda como un usurero, mientras Ethan, siempre muy caballeroso con Martha, le acerca la lámpara a esta. Sin embargo, y como es natural, Martha se va a la cama con su marido y Ethan se queda fuera en el porche a la manera que lo hiciera Martin antes. De esta forma los hermana Ford como a dos ‘outsiders’.

Hasta aquí los primeros 8 minutos y 43 segundos de la película, plagados, como hemos visto, de ideas y detalles inquientantes, sutiles y geniales. Mañana, domingo, terminaremos el análisis, para no hacer interminable este post en su lectura…

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‘Defiance’, tráiler de la nueva épica de Zwick

buenos mozos en malas circunstacias, ¡es mi vida! He de reconocer que no soy un admirador del trabajo que realiza el director Edward Zwick. De hecho, su última película, Diamante de Sangre me recordaba a los flashbacks del personaje de Mr. Ecko de la serie Perdidos pero en formato alargado. Y el reconocimiento que recibió el papel que realizaba DiCaprio en esa cinta no termino de explicármelo, teniendo en cuenta que Infiltrados estaba ese año ahí, y Leo se salía. En fin, es una opinión.

Lo que no se puede negar es que nuestro amigo Zwick es un realizador que, aunque algo carente de pulso, resulta solvente. Tiene pocos recursos pero los suele explotar, con mayor (Estado de sitio), medio (El Último Samurai) o menor acierto, como la mencionada Diamante. Suele entretener, y su épica resulta muy asequible para el gran público. Ahí está Leyendas de Pasión folletinesco ejemplo máximo de lo que acabo de decir. Por lo que un nuevo proyecto suyo suele garantizar taquilla y palomitas en cantidades considerables, que básicamente es lo que suelen pedir tanto productores como público, cada uno en lo suyo.

Defiance, acto de rebeldía, es su nueva cinta. Protagonizada por Daniel Craig y Liev Schrieber, nos cuenta la historia de dos hermanos judíos que escapan de la Polonia invadida por los nazis, adentrándose en los bosques de la región y uniéndose a la resistencia rusa, con quienes construirán una poblado donde hacer fuerte y resistir los ataques del enemigo. Trailer a continuación:

Personalmente, empiezo a sentir un cierto agotamiento en la temática nazi-judaica ambientada en la II Guerra Mundial. Es un tema capital, es algo que no hay que olvidar, es una herida en la misma esencia de lo que nos hace humanos, qué duda hay, pero ya me pasó con Los falsificadores y hace poco con El niño del pijama a rayas. Ya no sonaba a necesidad. Ya no sonaba dramático o que apelase con sinceridad a tu interior. Ya era formulario, correcto como mucho y panfletario como poco.

Por lo menos la sinopsis ya suena muy Zwick. Así que ya me imagino el resultado. ¡Popcorn!

Enlace: ‘Defiance’ trailer exclusive | Vía: Rotten Tomatoes

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Los Oscars inmerecidos en tela de juicio

uyuyuyuyyyyyyyyyy Pasa con cualquier tipo de premios que se entreguen, ya sea de forma puntual o periódica: siempre se mete la pata. Por mucho que las opiniones disten y cada uno tengamos la nuestra, se hace inevitable con el paso del tiempo que hay ciertas películas premiadas que no resisten el embite del reloj, mientras otras, no reconocidas en su momento, mejoran como el buen vino.

Los Oscar no son la excepción, muchos los considerarían la regla incluso. Y es por eso que la revista Entertainment Weekly ha decidido hacer algo al respecto. Desde el pasado 6 de Octubre han iniciado un proyecto llamado Recall the Gold, sí, Retira el Oro, mediante la cual mandan semanalmente a los miembros de la élite Hollwyood boletos para que reconsideren sus opiniones pasadas, y voten de nuevo, ésta vez en frío, sin asedio mediático.

7000 sobres blancos con el lema Recall the Gold escrito es un flagrante rojo sangre harán del voto anónimo, pero numerado por motivos de seguridad. Votarán 6 categorías: película, director, actor principal y secundario, actriz principal y secundaria. Han escogido sólo 5 convocatorias a reconsiderar: 2003, 1998, 1993, 1988 y 1983 (hace 5, 10, 15, 20 y 25 años respectivamente).

Los boletos regresarán el 1 de Noviembre a las oficinas de la revista, y en Enero del año que viene sabremos si la justicia es un plato que se sirve frío, al igual que la venganza. O no.

¿Es realmente mejor Shakespeare in Love que La Delgada Línea Roja? ¿O Roberto Benigni que Ian McKellen? Que me manden el voto, que yo lo tengo bien claro…..

Enlace: Hollywood Re-Votes the Oscars | Vía: Film Junk

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Lauren Bacall sobre Tom

Sí, Tom Cruise. Se ha despachado a gusto la veterana leyenda del cine, que fue mujer de Humphrey Bogart, como todos sabemos, y que las gasta terribles cuando alguien le cae mal. No ha tenido pelos en la lengua en una entrevista a la revista Elle. Al parecer, cuando conoció a Nicole Kidman en la estupenda Dogville, tuvo acceso al estado psicológico de la actriz recién separada de la maxi-estrella.

Tampoco es que se haya llevado siempre bien con Kidman, de la que dijo cosas no muy lindas en cierta ocasión, pero supongo que una mujer como ella, que a estas alturas de su vida no debe temer que dejen de llamarla para alguna producción, puede desahogarse a gusto con sus ideas sobre alguien. A mí, personalmente, me encanta que la gente diga lo piensa alguna vez, en lugar de pensar siempre lo que dice. Por otra parte, dice cosas que todo el mundo sabe, pero que nadie dice. De hecho, creo que se queda corta, teniendo en cuenta que conoce a Kidman. Pero qué marujil soy cuando me da la gana…

Este Tom Cruise es un loco. No puedo entender la forma en que se comporta en su vida
Tom la había dejado por Penélope Cruz o alguna estupidez así. Ya sabes, una de sus más ridículas medidas

Y digo yo, que soy un paranoico: ¿habrá algún tipo de contrato entre las estrellas para ponerse a parir de vez en cuando, y de este modo tener presencia en los medios? No lo descarten.

Enlace: Lauren Bacall: “Tom Cruise es un loco”

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Maravilloso trailer de ‘Prince of Persia’… el videojuego

Lenta pero segura avanza la adaptación cinematográfica del videojuego Príncipe de Persia. Mientras esperamos la llegada de un trailer que llevarnos a la boca les pongo uno recién estrenado para promocionar la próximas aventuras digitales.

Deberían tomar buena nota los responsables de la película si quieren superar lo que aparece en las imágenes: Elegancia, belleza, maravillosa dirección artística, carismáticos personajes, acción ágil y espectaculares y limpios combates. Ahí es nada. Más de un ejecutivo de Hollywood se habrá puesto a temblar (eso en el supuesto caso de que los ejecutivos de Hoollywood tengan corazón además de cartera). Disfrútenlo.

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La saga ‘Twilight’ comienza su andadura cinematográfica

El 21 de noviembre se estrena la primera película sobre la saga de best seller Crepúsculo de la escritora Stephenie Meyer. Tengo que reconocer que no tenía ni idea de la existencia de esta aventura vampírio/romántica para adolescentes hasta hace unos días.

La reciente llegada a España del cuarto libro, Amanecer (y que cierra el ciclo abierto por Crepúsculo y continuado por Luna Nueva y Eclipse), fue presentado por todo lo alto en mi lugar de trabajo. Decenas de niñas sobreexcitadas me dieron la tarde por la celebración de tan magno evento. Supongo que valió la pena la espera (más de tres horas estuvo aquello revuelto) porque se fueron todas contentísimas con su libro bajo el brazo (250 se vendieron esa tarde, así, de un tirón). Espero que por lo menos una parte de ellas llegue con el tiempo a alta literatura, creo que esa sería una importante baza para respaldar el consumo adolescente de este tipo de lectura. Les dejo con un avance de película que promete arrasar ante el joven público femenino.

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Rodajes de Coixet, Bayona y los Coen

No todo va a ser el rodaje, pospuesto casi una década, de la bélica tarantiniana Inglorious Bastards, o el recién finalizado de Almodóvar. Hay muchos rodajes de los que hablar.

Por ejemplo, el desembarco, no por esperado menos insustancial, del brillante director de cortometrajes pero mediocre director de largometrajes Juan Antonio Bayona, quien ostenta el dudoso honor, gracias a su hipertrofiado y torpe El orfanato, de ser el director español más taquillero en muchos años. Todos los que esperábamos que se recuperase con un segundo proyecto más personal y consecuente, gracias a la libertad que otorga (al menos algo otorga) la pasta ganada en las salas, parece que tendremos que esperar, pues va a seguir durante un tiempo a la sombra del sobrevalorado Guillermo del Toro.

Parece ser que el ahora celebrado director mexicano tenía sobre la mesa la posibilidad de adaptar Hater, sobre el original literario homónimo de David Moody, un thriller muy oscuro del que ahora se hará cargo Bayona bajo la producción de su amigo del Toro, y surodaje comenzará en pocos meses.

Una paisana suya, aunque con más experiencia en eso de dirigir largometrajes personales y en viajar por el mundo, la barcelonesa Isabel Coixet, ultima los preparativos del rodaje de Map of the Sounds of Tokyo, precisamente en la capital japonesa, que protagonizarán Rinko Kikuchi (vista en Babel) y Sergi López, sobre una asesina a sueldo con doble vida.

Promete bastante. Su directora finalmente se sumerge en su amada cultura japonesa, con una historia que al menos a priori sugiere un cambio temático estimulante.

Finalmente, los hermanos Coen, que hoy mismo estrenan su Burn After Reading (otro proyecto pospuesto algunos años y que comentaremos en Extracine cuando lo veamos) regresan a su siempre ironizada Minnesota natal con una nueva comedia negra (y van…) titulada A Serious Man, una película que en principio no va a contar con ninguna de las estrellas que han rondado por sus últimas películas.

Con ella, que se está rodando actualmente, podrían cerrar la más prolífica de sus décadas hasta la fecha, ya que en ella han estrenado siete largometrajes más el proyecto plural de Paris, je t’aime. Lástima que su carrera haya declinado con respecto a los 90, donde firmaron cinco obras maestras.

Vía: Imdb

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Nuevo póster de ‘The Hurt Locker’

No sé lo que pensarán los lectores, pero es un póster magnífico. Esperábamos ya con ansiedad la nueva película de esta gran directora, que ojalá se haya recuperado después de una época menos brillante. Y este cartel acrecienta las ganas de ver este film de acción en torno a un grupo de artificieros en la actual guerra de Irak.

Siempre he creído que la fuerza de un cartel reside más en su idea conceptual que en el manido recurso de mostrar las caras de los actores. Pero pocas veces lo primero.

Enlace: EL NUEVO PÓSTER DE ‘THE HURT LOCKER’ ES CO-JO-NU-DO | Vía: Las horas perdidas

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